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Monday, 18 August 2008 00:00 |
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Después de mis primeras semanas en la parroquia de San José en Chicago, viajé a Australia, el país de los canguros, donde asistí con cinco jóvenes de mi antigua parroquia en California, a la jornada mundial de la juventud. Fue una experiencia hermosa, llena de cosas nuevas, fueron dieciocho horas de viaje hasta ese maravilloso continente de Oceanía. Pero valió la pena. Allá nos unimos a los peregrinos que llegaron de todas partes del mundo. Todas las lenguas, todas las razas, todas las nacionalidades nos reunimos para compartir una misma fe y para conocer un poco más nuestra Iglesia universal. La riqueza es inmensa, nuestra fe no tiene límites ni fronteras, es el sentimiento que ha continuado y continuará por siempre guiados por el Espíritu Santo que el mismo Jesús nos prometió. Uno de los objetivos era también reunirnos con el Papa Benedicto XVI y compartir su espiritualidad y el mensaje que él tenia como líder para los jóvenes del mundo entero. Su mensaje estuvo siempre inspirado en el lema de la jornada: "Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros, y seréis mis testigos" (Hch 1,8) .
Los jóvenes expresaron de diversas formas sus sentimientos, sus deseos, su amor (especialmente por Jesús, la Iglesia y el Papa), toda su fuerza y como una llama encendida contagiaron a Australia de alegría, de oración pero especialmente de respeto por las diferencias en un mundo donde la intolerancia se nos vuelve pan de cada día. Fue una muestra, una vez más, de la universalidad de la Iglesia y también de la posibilidad de convivir en la pluralidad.
P. Hugo Londoño, MSC
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