Vigésimo octavo domingo 2018

Las lecturas de hoy son todas sobre los apegos. Todos tenemos una imagen falsa de nosotros mismos y pensamos que nuestro valor proviene de lo que tenemos y lo que controlamos. Jesús vino a salvar a nuestra verdadera persona, el vino a salvar a cada uno de nosotros tal como somos. A menudo nos seducen los falsos apegos y nos convertimos en sus esclavos. Pensamos que nuestras posiciones en la sociedad o las posesiones que hemos alcanzado son nuestra identidad, pero nuestra verdadera identidad es que somos hijos de Dios. Para ser salvos, debemos confiar en que Dios ve a la persona detrás de las máscaras que usamos y nos ama tal como somos.

San Pablo dice que “ninguna criatura se oculta de él, pero todo está desnudo y expuesto a los ojos de aquel a quien debemos rendir cuentas”. Dios no desprecia nuestra desnudez pero nosotros a menudo lo hacemos. Al igual que Adán, que se escondió en el jardín después de la caída, ocultamos nuestro verdadero ser de Dios.

Las lecturas de hoy nos animan a dejar de lado los apegos falsos y a confiar en el amor poderoso y salvador de Dios.

Por Padre Joseph Jablonski, MSC

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