Segundo Domingo de Tiempo Ordinario 2019

Para San Juan, la experiencia del Señor es como una gran fiesta de bodas tan rebosante de alegría que todo va cambiando. La tristeza se convierta en alegría; la desesperación en esperanza; el agua en vino.

Ya hemos celebrado la venida del Señor entre nosotros en su nacimiento (la Navidad); su venida para iluminar a todos los pueblos (la Epifanía); su venida para perdonar pecados (el Bautismo en el Jordán). Ahora celebramos la nueva intimidad con Dios acompañados por su madre y sus discípulos en una boda.

Cada vez que participamos en la Eucarística estamos celebrando nuestra unión con Dios en Cristo, un matrimonio entre la vida divina y la vida humana. Cada vez que tomamos en cuenta la necesidad ajena y llevamos nuestra inquietud al Señor como hizo María, para hacer entonces lo que él nos dice, nuestra solidaridad y caridad renovarán el milagro de Cana y llevarán nueva alegría al mundo.

Al darnos cuenta de tantas personas desplazadas por guerras y violencia, tantas otras sufriendo por la hambruna y largas sequias, otras perseguidas por su fe, etc. Somos desafiados por las lecturas de hoy a actuar, a hacer algo. Que sepamos actuar como María y hacer lo que él nos pida.

Por Padre Joseph Jablonski, MSC

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