La Alegría. Muchas veces sentimos alegría al recordar eventos placenteros del pasado o sueños agradables de futuros proyectos. ¿Qué tal la alegría del presente? Cuando miramos hacia otros momentos de la vida sin vivir el presente frecuentemente nos llenamos de tristeza y soledad. Las lecturas de hoy nos invitan a una alegría verdadera y duradera y experimentada cada día en una relación profunda con el Señor.

La primera lectura nos invita a no quedarnos en el pasado lamentándonos de las perdidas. Ha llegado el momento de soltar el pasado para mirar más profundamente a nuestro presente y ver la presencia del Señor en las personas y eventos actuales. El Señor nos está guiando con misericordia y justicia para encontrarnos con El y así, sintiendo su presencia, nos llenamos de alegría. La alegría nace de sentirnos importantes y valiosos desde la experiencia personal de su amor. “Vístete para siempre de galas de la gloria que Dios te da” tú eres hijo(a) de Dios. Él te ama. Pase lo que pase Él siempre estará contigo. El confía en ti. El cree en ti y allí esta nuestra alegría.

La segunda lectura nos invita a vivir hoy mientras miramos hacia el futuro. “Estoy seguro de que quien comenzó en ustedes la obra buena, la llevara a término hasta el día de Cristo Jesús.” Pablo nos invita a vivir en el día presente sabiendo que es el Señor que está actuando en nosotros dondequiera que nos encontramos. Cada persona, cada evento de cada día es importante. Miramos hacia el futuro si, pero es uno que estamos creando hoy en el Señor. Mi alegría es saber que pueda servirle al Señor en cualquier circunstancia de la vida. Pablo lo hizo a pesar de persecuciones y la cárcel. Encontramos la alegría en el darnos cada día en servicio amoroso a los demás.

La alegría del Evangelio esta proclamada en un contexto aparentemente imposible. Todos los poderosos y odiosos líderes de los romanos se están mencionados. ¿El lugar? El terrible desierto. Preciso cuando los poderes de la oscuridad parecen invencibles y nuestras vidas son tan secas como la arena del desierto, el Señor proclama “la salvación de Dios”. Nada es imposible para Dios. No estamos en el olvido. No estamos solos. Dios está con nosotros y jamás nos abandonara. La alegría se encuentra en Dios que muestra su omnipotencia en su oferta de misericordia a cada uno de nosotros y a toda la humanidad. Me siento alegre cuando acepto su misericordia en mi vida y la transmito la misma a un mundo violento que solo va a sanarse por el amor divino. Los poderes de odio, discriminación, violencia, guerra, etc. serán vencidos por medio de la misericordia y el perdón. Jesús es el signo de esa misericordia divina sin límites. Él es nuestra alegría, nuestra esperanza y nuestra fuerza y él va a seguir manifestándose iluminando en mundo por medio de nosotros, los creyentes.

Por Padre Joseph Jablonski, MSC

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