El Bautismo del Señor

Es asombroso el contemplar una vez más en Navidad la venida de Jesús entre nosotros. También es asombroso el contemplar la gran confianza que Dios ha puesto en cada uno de nosotros los bautizados. El Señor se hizo uno con nosotros y así abrió la gran potencialidad humana que tenemos todos. Ahora somos los hijos adoptivos de Dios y estamos llamados a continuar la misión de Cristo: “hacer el bien y sanar a todos los oprimidos por el diablo”, como la segunda lectura nos relata.

Hoy más que nunca todos somos llamados para ser luz, como nos dice Isaías, y para hacer algo positivo para sanar al mundo; para liberar a aquellos que están presos, físicamente, emocionalmente, espiritualmente; para abrir los ojos de aquellos que están cegados por los falsos valores del mundo. Cada uno, aunque en una manera pequeña, somos llamados a ser siervos del Señor. No hay nadie que no importa. Cada uno de nosotros tiene una misión específica donde sea que nos encontremos.

Hoy, el acto de bendecirnos con el Agua Bendita nos llama a creer en nosotros mismos así como Dios cree en nosotros y a actuar como los hijos e hijas de Dios que realmente somos.

Por Padre Joseph Jablonski, MSC

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