Durante el tiempo de adviento hemos estado preparando el camino del Señor. Hoy, por fin, se ha llegado la grandiosa y alegre celebración del nacimiento de Cristo. La solemnidad de la Navidad es tan importante que la Iglesia nos ofrece cuatro conjuntos diferentes de lecturas. En ellas encontramos experiencias hermosas, humanas y divinas, con las que nos podemos identificar, y más aún, que nos pueden ayudar a reconocer que, así como nuestro Señor quiso nacer en Belén, así también quiere nacer y habitar en el diario vivir de nuestras vidas.

En el evangelio de la «misa de vigilia» San Mateo nos describe el drama tan humano al que se enfrenta san José. «… José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.» Si contemplamos esta escena desde el punto de vista de san José, podemos adentrarnos al abismo de nuestra propia confusión a medida que dudamos del amor de aquellos a los que amamos. ¿Puedo llegar a confiar otra vez en alguien? ¿Tengo miedo de continuar una relación con alguien a quien la gente ha juzgado y condenado? ¿Cuáles son los miedos que llevo en mi corazón al considerar la situación de san José? Dios le dice a José a través de un ángel «no tengas miedo» y luego le pide que ponga por nombre al niño que ha de nacer «Emmanuel», que significa «Dios con nosotros». En las decisiones más difíciles de nuestras vidas, Dios nos recuerda que Él siempre está con nosotros. La enseñanza de este primer conjunto de lecturas permite que descubramos el significado del nacimiento de Cristo de una manera más profunda dentro de nuestras vidas.

En el evangelio de la «misa durante la noche» San Lucas se enfoca en el nacimiento de Jesús en un pesebre y en el anuncio de la buena nueva a los pastores. ¿Cuántos refugiados hay en el mundo el día de hoy a causa de decisiones políticas? La opresión surge de diferentes maneras y causas, pero el resultado es siempre el mismo: dolor y sufrimiento. ¿Alguna vez he experimentado alguna situación de desesperanza? ¿Puedo yo identificarme con el sentimiento de desesperación que José y María experimentaron a medida que buscaban un refugio para que pudiera nacer su bebe? ¿Puedo yo identificarme con la agonía que ellos sintieron a causa del amor tan grande que ya sentían por su hijo? ¿Alguna vez alguien se mostró solidario conmigo y me acompañó en mi agonía, así como lo hizo José con María? ¿Alguna vez he experimentado pérdidas materiales para luego darme cuenta que el verdadero tesoro de mi vida son las personas que yo amo? Jesús nació en un pesebre envuelto en pañales, pero es el regalo más hermoso que Dios nos ha dado. ¿He permitido que las experiencias dolorosas de la vida endurezcan mi corazón al grado de rechazar a Dios y a mi prójimo, tal como José y María fueron rechazados de la posada? Los pastorcitos representan a las personas que son solidarias con las necesidades de los demás; son capaces de ver la gloria de Dios porque su enfoque no está en ellos mismos sino en su prójimo. ¿Estoy consciente de los milagros que Dios ha obrado en mi vida a través de otra gente?

En el evangelio de la «misa de la aurora», San Lucas narra la experiencia de los pastorcitos cuando éstos acuden al pesebre. ¿Qué es lo que vieron los pastorcitos? Con los ojos del rostro vieron a una pareja sumergida en la pobreza, con un bebe recién nacido recostado sobre el pesebre. Pero con los ojos del corazón pudieron reconocer en ellos la presencia de Dios. Como dice el Principito «lo esencial es invisible a los ojos». Seremos capaces de volver a ver de verdad el día en que el corazón logre sanar las heridas del pasado, la amargura y las desilusiones. ¿Logro percibir el semblante amoroso de Dios como lo hace un niño con su tierna mirada? Estoy llamado a contemplar mi vida con la mirada del corazón.

En el evangelio de la «misa durante el día» escuchamos a San Juan «En el principio ya existía aquel que es la Palabra, y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios.» El amor de Dios es eterno; y eso significa que Dios siempre me ha amado, y nunca dejará de amarme. ¿Realmente lo creo? ¿Arde mi corazón cuando Dios sopla su aliento divino dentro de mí? ¿Permito que la luz del Señor en mi corazón brille para los demás? «La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no pueden apagarla.» ¿En verdad creo que la bondad de Dios que habita en mi es más fuerte y brillante que las tinieblas de mis pecados y errores? Así como lo hizo Juan el Bautista, yo también estoy llamado a anunciar que Dios nos ha salvado a todos, comenzando conmigo. Juan nos dice que en ocasiones Jesús era rechazado, pero a pesar de eso, el continuó con su misión. ¿Logro descubrir la presencia divina de Dios en mi y en los demás? El evangelio me dice que soy un hijo de Dios. Dios cree en mí. Pero, ¿acaso creo yo en mi mismo? Fue el mismo Dios quien me creó, y algún día a Él regresaré. Cuando de verdad crea en ese precepto, mi vida tendrá sentido. Fui creado con un propósito.

Estos cuatro textos de los evangelios fueron diseñados para poder profundizar acerca de la presencia de Dios en mi vida, acerca del «Emmanuel en cada uno de nosotros.» La alegría de la Navidad se manifiesta cuando reconozco que no estoy solo en la vida, que Dios no me ha olvidado ni abandonado. Dios ha enviado a su unigénito para que siempre esté conmigo; que el Espíritu Santo que anunció la Buena Nueva a María produzca fruto en mi para que sea yo capaz de llevar su presencia al mundo entero.

Dios de mi alma, Padre de nuestro amoroso Señor Jesucristo, nacido de María en un pesebre de Belén, gracias por amarme con ese amor tan inmenso. Al contemplar la primera venida de tu Hijo, haz que le permitamos volver a nacer en nuestros corazones. Te pedimos que experimentemos sanación a través de su presencia para que podamos restaurar nuestras vidas y así seamos un pueblo que verdaderamente anuncie la alegría del evangelio al mundo. Amén.

Por Padre Joseph Jablonski, MSC

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