Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario

Desde el principio de los tiempos, Dios ya nos ha amaba. Su amor nos ha llamado a la existencia y Él revela su amor en la particularidad de cada persona. Jeremías estaba consciente de su llamado en la primera lectura y Jesús expresó claramente el sentido de su llamado en el Evangelio de hoy. San Pablo en la segunda lectura va recordando a cada cristiano que él o ella es un regalo especial de Dios. Expresamos nuestros dones en formas diferentes pero cada uno de nosotros somos un regalo de Dios dado para el bien de todos.

El desafío propio de cada uno de nosotros es el descubrir, valorar y desarrollar plenamente a la persona que Dios quiso al crearnos. En otras palabras, tenemos que tratar de ser y expresar el don de Dios que somos. Siguiendo la misteriosa llamada de realizar el plan Dios en nosotros en vez de preocuparnos de las expectativas de los demás, es el camino hacia la realización plena. Cada persona descubre la alegría de ser amados por Dios y así vivir amando incluso cuando no hay comprensión o aceptación total de los demás.

Amarse a uno mismo da la capacidad de amar auténticamente a los demás y de recibirlos y de apreciarlos como únicos y como santos regalos que son.

A veces la libertad y seguridad de una persona de fe pueden ser percibidas como una amenaza a los que son menos seguros de sí mismos porque no saben cuánto amor Dios les tiene. Así la respuesta de ellos pueda ser violenta como vemos en la respuesta de las personas en las vidas de Jeremías y Jesús. Las amenazas de rechazo y muerte no frenaron a Jesús y tampoco nos deben de frenar a nosotros.

¡Que las vidas y ejemplos llenos de fe, esperanza y amor de los Santos y mártires durante los siglos nos animen para recibir el abrazo de Dios! Así nosotros igual como ellos podamos convertirnos en signos de la misericordia de Dios y ser así cada uno – el regalo de Dios a la humanidad que es nuestra vocación verdadera

Por Padre Joseph Jablonski, MSC

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