Tercer Domingo de Tiempo Ordinario 2019

Parecería casi imposible que un pueblo pudiera olvidarse del contenido esencial de su fe. Sin embargo, a veces esto si ocurre. Por causa del cautiverio de Babilonia así paso en la época de Esdras y Nehemías. Este olvido también puede suceder en nuestros tiempos aunque por otros motivos. Por eso, las lecturas de hoy nos quieren recordar el contenido esencial de nuestra fe y reavivar la alegría de conocer la revelación del Señor.

En primer lugar, las lecturas de hoy nos recuerdan que el contenido esencial de nuestra fe no se encuentra solo en la palabra escrita sino también en la Palabra Viva, Jesús, que vive en medio de nosotros. En su tiempo era muy importante leer y memorizar las muchas reglas y normas de Levítico, hoy no somos llamados simplemente a memorizar y analizar las lecturas sino a encontrarnos con la Palabra Viva y presente en el “hoy” de nuestras vidas. Jesús les dijo “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”. El no vino solo para comentar, explicar o interpretar las palabras de su Padre o de presentar una nueva teología para nuestra consideración. Él vivía la palabra. Él es la revelación. Él es amor; y el amor de Dios se revela en todas sus acciones.

El amor es el contenido esencial de nuestra fe. Amor no es solo un concepto. El amor es un compromiso de acción para el bienestar y realización plena de nosotros mismos y de los demás. Amor es un llamado a respetar y promover la vida y especialmente la vida humana. Por amor, todos hemos sido llamados por Dios a la existencia y somos una parte importante de la revelación de Dios.

Entonces no debemos olvidarnos del contenido esencial de nuestra fe: el amor; el amar como Jesús nos muestra.

El “cuando” es siempre hoy. El “dónde” es siempre en donde nos encontramos. El “porque” es la presencia del Señor en nosotros y en todos los demás.

Por Padre Joseph Jablonski, MSC

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