En la primera lectura Sofonías anuncia la alegría que experimentamos cuando nos damos cuenta que Dios nos ha perdonado y que entonces no tenemos nada que temer. Dios está con nosotros y jamás nos abandonará. San Pablo profundiza más este tema al recordarnos que especialmente en los momentos de ansiedad el Señor está cerca. Su presencia sanará nuestras tristezas reemplazando nuestra ansiedad con su esperanza.

En una forma más sutil, el Evangelio también nos da esperanza y alegría porque nos enseña que estamos preparando su llegada inminente: no solo recordando su primera venida en Belén sino también invitándonos a descubrir su presencia dentro de nosotros hoy. Cuando regresamos a Dios Él nos cura y así estamos preparando el camino del Señor. Descubrimos lo que hay de bueno dentro de nosotros y esto nos prepara para compartir lo que somos y lo que tenemos con los demás. Todos tenemos algo que compartir. Descubrimos que nosotros que conocemos al Señor somos la Buena Nueva para una humanidad sufrida.

Durante toda la historia, la Iglesia ha vivido bajo circunstancias muy difíciles y desafortunadamente hoy, una vez más es así. El desafío para nosotros es de mantener los ojos del corazón puestos en el Señor adquiriendo así la gracia para perdonar como hemos sido perdonados; ser instrumentos curativos porque hemos sido curados; ser signos de esperanza y luz en un mundo llenos de desesperación y oscuridad. Creemos que el Señor ha entrado definitivamente en la historia humana para darnos vida ahora y por siempre.

¡Entonces regocijamos porque Dios cree en nosotros y actúa por medio de nosotros y El será victorioso!

Por Padre Joseph Jablonski, MSC

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