Domingo XXII del 2018

Tengo algo que ofrecer

Ya sea que meditamos en la viuda pobre de Sarepta o en la viuda pobre del Evangelio de Marcos, cada una nos enseña que todos tenemos algo que aportar. Ambas eran radicalmente pobres y, sin embargo, estaban seguras de que su contribución significaba algo.

Muchas veces, en nuestra realidad actual, podríamos pensar que no somos importantes; que nuestra voz no se escucha; que nuestro voto no cuenta; que nuestras vidas no son importantes. Esa imagen negativa y falsa que tenemos de nosotros mismos es confrontada por estas mujeres en las lecturas de hoy.

Cada uno de nosotros es importante. Lo que hacemos es importante. Solo se necesita una persona para cambiar la historia como nos recuerda san Pablo en la Segunda lectura. El único Dios-hombre, Jesús, sacrificó su vida para quitar los pecados de todos nosotros.

Dios nos ha llamado a cada uno a la existencia con un propósito. Cada uno de nosotros es importante. Cada uno de nosotros tiene algo que ofrecer. ¿Qué estoy ofreciendo hoy? ¿Qué estoy haciendo para responder al llamado para contribuir al mejoramiento de la humanidad?

Por Padre Joseph Jablonski, MSC

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