El gran y alegre misterio de unión con Dios que la Virgen María experimenta en la Anunciación rebosa en ella tanto que tiene que ser compartido. La Buena Nueva que ella recibió del Ángel -que Dios vuelve a ser uno con su pueblo. – es tan grande que ella se dirige apresuradamente para anunciarlo al mundo. ¡La creación ha sido restaurada! La humanidad ha sido restablecida a la vida original. Por el nacimiento, vida, pasión, muerte y resurrección del Mesías, la humanidad se librera del pecado y la muerte. Y como signo de que la humanidad y la divinidad ya han sido unidas, un niño aun en el vientre de su madre experimenta esa nueva realidad en Jesús y salta de alegría. Juan y cada niño nacerán con una nueva
esperanza.

El Señor está presente en cada uno de nosotros y Él nos envía a un mundo que anhela escuchar la Buena Nueva que Dios misericordioso está con nosotros que siempre estará con nosotros. Siguiendo el ejemplo de la Virgen debemos hacer algo concreto y real para transmitir la experiencia de la misericordia de Dios. Ella se apresuró a visitar y ayudar a su pariente anciana y embarazada. ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros? Quizás es un buen momento para recordar y practicar las obras de misericordia que aprendemos en el Catecismo de la Iglesia Católica.

No. 2447: Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales socorremos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales. Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son obras espirituales de misericordia, como también lo son perdonar y sufrir con paciencia. Las obras de misericordia corporales consisten especialmente en dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos. Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; es también una práctica de la justicia que agrada a Dios….

La práctica de la misericordia nos trae alegría y comunica la alegría de una vida nueva para los que servimos y al mundo entero.

Por Padre Joseph Jablonski, MSC

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